¿Qué es el narcisismo? ¿Es malo ser narcisista?

Este término procede de la mitología griega. Narciso era un joven tan apuesto que todo el mundo se enamoraba de él, pero él despreciaba a todos. Entonces, se le impuso un castigo: enamorarse de sí mismo.
Cuando vio su imagen reflejada en un estanque, quedó tan cautivado por su belleza que no pudo moverse y se ahogó en el estanque.
Una persona narcisista, en efecto, parece enamorada de sí misma, incapaz de interesarse por los demás y reclamando toda la atención para sí.
Inspiradas en este mito, disciplinas como el psicoanálisis, y después la psiquiatría y otras, utilizaron el término para explorar estos rasgos de personalidad que pueden alcanzar niveles patológicos.
¿Qué tan malo es el narcisismo?
Es importante distinguir entre un narcisismo “sano” y otro que no lo es. El sano tiene que ver con esa dosis necesaria de amor por uno mismo, con sabernos merecedores de reconocimiento por los logros alcanzados, así como del amor y del aprecio de los demás.
También están los rasgos narcisistas, que pueden presentarse en distintos grados y que no constituyen un trastorno.
¿Qué sí es un trastorno de personalidad narcisista?
Este trastorno se diagnostica cuando los rasgos narcisistas son tan persistentes que se deteriora de manera significativa la manera de relacionarse con los demás, lo que afecta el funcionamiento social, laboral y familiar.
¿Cuáles son los principales rasgos de una persona narcisista?
Suele observarse un sentimiento de superioridad, una marcada falta de empatía, una casi insaciable necesidad de admiración. Hay fantasías de poder, éxito y omnipotencia. Son personas que se sienten especiales y que exigen un reconocimiento exclusivo.
En casos extremos, manipulan y explotan a los demás en beneficio propio. También muestran soberbia, arrogancia y presunción.
A estas personas suele dominarlas la envidia, acompañada de un temor interno de que sus insuficiencias salgan a flote en cualquier momento.
Su envidia puede ser tan desmedida que se defienden devaluando, despreciando o menospreciando los logros de los demás. De esta manera mantienen la sensación de superioridad y se protegen de cualquier amenaza a su autoestima.
También es muy frecuente que le atribuyan a los demás sus propios sentimientos de inferioridad o inseguridad. De esta manera evitan enfrentarse con estas emociones negativas dentro de sí mismos. Por ejemplo, pueden acusar de incompetente a otra persona y así desviar la atención de su propia incompetencia. O bien, pueden negar aspectos de sus vidas que no coincidan con esa imagen de grandiosidad que quieren mostrar.
Es importante resaltar que una persona narcisista no puede lograr relaciones profundas porque su deseo constante de atención y admiración le impiden interesarse por las necesidades y sentimientos de los demás. Además, son poco tolerantes a las críticas y reaccionan de una manera desproporcionada a situaciones menores.
Por otra parte, como el narcisista mantiene la ilusión de que nunca comete errores ni tiene necesidades, entonces no siente remordimiento, arrepentimiento ni gratitud. El arrepentimiento implica que se cometió un error o que se tienen defectos. Y agradecer es reconocer que se tienen necesidades. No poder ofrecer una disculpa o un agradecimiento sinceros mina enormemente sus relaciones con los demás.
Como puede observarse, convivir con una persona narcisista no suena fácil. La falta de reciprocidad y de empatía le impide mantener relaciones gratificantes. Por lo que es muy importante para quien convive con una persona narcisista no perder de vista sus propias necesidades y hacérselas saber. Esto dependerá del tipo de relación que se tenga con la persona. Puede ser el jefe, un familiar, la pareja. En cada caso la solución será diferente. Sin embargo, es importante estar atentos a nuestras propias emociones y no negarlas en un intento por no confrontar a la persona narcisista.
Podemos pensar que la sociedad favorece de alguna manera la aparición de rasgos narcisistas al impulsar el individualismo y la búsqueda de la propia felicidad. Las redes sociales también obligan a mostrar siempre un estado permanente de perfección y felicidad.
Sin duda hay que buscar nuestra felicidad, pero no a costa de los demás, ni de nuestras relaciones con las personas que amamos.
Además, hay que dejar espacio para la tristeza y la imperfección, para los errores que nos confrontan con nuestra naturaleza humana.
Mtra. Elia Olvera Martínez
19 de febrero, 2026
Referencias
McWilliams, N. (2011). Psychoanalytic Diagnosis. Understanding Personality Structure in the Clinical Process. The Guilford Press.