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¿Qué tanto conoces a tu pareja?

Y qué tanto puedes realmente llegar a conocerla


Cuántas veces hemos escuchado decir a alguien sobre su pareja: “La conozco como la palma de mi mano.”


Pensar en que conocemos muy bien a nuestra pareja, incluso mejor de lo que ella misma se conoce, nos da una sensación de certidumbre y seguridad.


En el inicio de una relación suele haber momentos de tanta felicidad y cercanía, que llegamos a sentir que somos uno con el otro, casi como en una especie de fusión, donde se tiene la fantasía de pensar y desear lo mismo. Llegan a ser tan gratificantes estos momentos, que quisiéramos que la relación se mantuviera siempre así. Sin embargo, con el tiempo surgen las diferencias, por más que no queramos verlas, y descubrimos que quizá hay aspectos de esa otra persona que aún no conocemos.


Si bien es cierto que gradualmente podemos llegar a conocer muy bien a nuestra pareja, sobre todo cuando llevamos mucho tiempo de relación, siempre habrá un resquicio de desconocimiento, una parte inaccesible, y tenemos que tolerar que así sea. De hecho, si lo pensamos bien, ¿qué tanto nos conocemos, incluso, a nosotros mismos?


Esta incertidumbre de no saber todo del otro puede despertar nuestra curiosidad por averiguar con quién se mensajea, con quién interactúa en redes sociales, a quién le da like, por qué hoy tiene una cara de enfado, por qué no está “como siempre”. Quisiéramos saber todo lo que piensa y siente. Y puede aparecer la desconfianza, que muchas veces se basa en nuestra percepción y no en una realidad. También surgen las inseguridades que nos llevan a pensar que muy probablemente estamos fallando en algo y por ese motivo la otra persona actúa de manera “extraña”.


La psicoanalista de pareja y familia, Barbara Bianchini, afirma que poder tolerar este conflicto entre el deseo de poseer al otro y la aceptación de que eso no será posible constituye un signo de madurez, y conduce al crecimiento psíquico y a una relación creativa. Esta autora afirma que el efecto de la belleza no existe sin el conflicto que surge entre lo que es externamente bello y lo que es internamente invisible, desconocido y enigmático, que solo puede imaginarse, y que, por lo tanto, puede ser fuente de ansiedad.


Por supuesto, esto no tiene que ver con mentir ni con ocultar de manera malintencionada algún hecho. Tiene que ver con esa parte incognoscible de la otra persona y que puede constituir un enigma para nosotros.


Tratar de controlar al otro de un modo intrusivo, como si quisiéramos entrar en su mente para revelar ese interior enigmático, nos aleja de la belleza de esa relación y muy probablemente propicie distanciamiento y conflicto.


Eso que no vamos a poder conocer de la otra persona no tiene que ser motivo de desesperanza, simplemente es una realidad que habrá que aceptar. Las relaciones de pareja se caracterizan por esos movimientos de acercamiento y alejamiento, que a veces son dolorosos, pero esa posible inestabilidad y dinamismo en la pareja es lo sano, lo que la mantiene viva.


Mtra. Elia Olvera Martínez

20 febrero 2026


Referencias

Bianchini, B. (2014). Aesthetic Conflict in the Couple. En: Couple and Family Psychoanalysis. 4(1) 56-68.

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